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Fábrica de afectos
2022


Antonio Yemail

21 de noviembre 2022
10 de febrero 2024  
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Aquí hubo gato encerrado y por más de 10 años. Hoy, es el espectador de esta muestra quien develará lo que hay detrás de esta instalación y de la mente “indisciplinada” de Antonio Yemail, quien pareciera dar saltos sutiles, a modo de una coreografía felina, por diferentes saberes: la arquitectura, el diseño, la museografía y las artes visuales y escénicas.

A primera vista aparece una arquitectura para gatos, pero a medida que se observan cada una de las piezas que la componen, vemos cómo se rebasa la noción de artefacto, por la relación entre humano y gato. No se trata de apreciar una estructura que abraza una relación inter-especie, sino una puerta que se abre a múltiples diálogos que surgen en nuestra contemporaneidad, como la configuración actual de diversos núcleos familiares, las oportunidades que se manifiestan con la emergencia de valores post-materialistas como el reconocimiento de las minorías y lo imperativo de valorar las diferencias, la preocupación por el medio ambiente y tratar de entender la (a)simetría de nuestra realidad local y actual.

Resulta complejo resumir en unas líneas la cantidad de documentos, maquetas, textos y facetas que componen este proyecto, que solo al recorrer la exposición se puede atisbar algo de esta línea cronológica que empezó como una investigación sobre el comportamiento y sobre cómo mapear el día a día de un espacio en la domesticidad de una instalación del 2010: Post Post Post,  una exposición que se presentó en el Museo de Arte Moderno de Medellín y luego itineró a Buenos Aires, en el Centro Cultural de España, y se preguntaba por las inclinaciones de los arquitectos contemporáneos latinoamericanos a través de instalaciones que cupieran en una caja de correo. Fue un proyecto que de manera inocente y accidental, descubrió lo que podía ser una relación contemporánea para definir nuevos modelos familiares, con relaciones intensivas de codependencia entre especies.

De esta fase de exploración, nacieron como consecuencia los primeros planos para otro proyecto, inicialmente para ser exhibido en el espacio Liga (Ciudad México, 2015) y luego en el Vitrinazo, (Bogotá, 2016).  Aquí, resultó su primera materialización, pero no llegó al punto de su construcción.


A manera de paréntesis paralelo, en 2021, en la Universidad de Los Andes, Antonio Yemail comenzó a dictar el curso La arquitectura entre diversas formas de vida, que se convertiría en la antesala de esta exposición y que se pregunta por el rol de la arquitectura como un mediador capaz de convocar diversos agentes y reconocer que, en su saber, hay un contacto más profundo con la realidad entre más vinculante es y, aunque suene antagónico, en cuanto logra una relación menos antropocéntrica.

Continuando con el orden cronológico, es años después y en conversaciones con el coleccionista Eduardo Salazar Yusti, sobre esta idea en proceso y el curso anteriormente mencionado, que el proyecto adquiere su momento decisivo y en este encuentro con Policroma, se materializan los pensamientos de una década en una obra de carácter instalativo, escultórico y un tanto teatral, que representa todas las inclinaciones de Antonio y su equipo, incluyendo sus formas de aproximación a la contemporaneidad y a la cultura popular, mezclándose con la consciencia de los materiales, desde su origen hasta su destinación.


De allí, su interés en la circularidad y en repensar sus proyectos para darles una segunda vida. La mayoría de las piezas que hacen parte de esta instalación son realizadas con materiales provenientes de proyectos previos, que adquieren una nueva oportunidad gracias a la combinación entre diversas escalas e intenciones dentro de esta obra.

Con juegos de luz, cuatro estaciones aparecen para identificar un ritual o un momento de encuentro que se construye con una narrativa de esa familia contemporánea compuesta por un humano y un gato.

La muestra finaliza (o comienza) con un archivo que dispone a manera de investigador (o de obsesión) una documentación que constituye el registro y la línea cronológica de un decenio a través de conversaciones, bocetos, papeles, notas, intercambios, acuarelas y planos.

Esta instalación alberga una tensión entre escalas que no llegan a ser propiamente ni la de un mueble ni la de un edificio, sino la de una serie de arte-factos de escala intermedia. Es un reconocimiento a la diversidad, entendida como un marco de relación extendida a nivel ecológico, técnico y cultural, como una forma de reconciliación social y de entendimiento de la tradición. Es un espacio para una crítica en doble sentido y será el espectador quien lo interprete.

Esta es la fábrica de afectos de Antonio Yemail, en donde se manufacturan acuerdos, recuerdos e interacciones entre especies sintientes.